Fieis ás máis puras tradicións españolas, a despedida do gran franquista Manuel Fraga, festexouse en medio de lapadoiras. Algúns recordaron a morte do xenocida en 1975, e abriron e brindaron novamente con champán. Outros rodeados dos gaiteiros da Deputación de Ourense, 300 individuos a mantidas da corporación provincial, conformáronse co “pan dos anxos” elaborado polo pedigüeño e malencarado cardeal Rouco.
Mais os lideres do PP a celebraron na cidade da Coruña. Tras asistir ao enterro en Perbes, e xa que estaban en Galicia, aproveitaron a viaxe para acercarse a un restaurante da praza de María Pita e fartarse de marisco.
Á mariscada asistiron o Presidente do Goberno Mariano Rajoy; José María Aznar e a súa muller, a alcaldesa de Madrid, Ana Botella; a vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría; o ministro de Xustiza, Alberto Ruíz Gallardón; a ministra de Sanidade, Ana Mato; a ministra de Fomento, Ana Pastor; o alcalde de A Coruña, Carlos Negreira; o delegado del Goberno, Samuel Juarez, e de convidado de pedra e “paganini” Alberto Nuñez Feijóo, presidente da Xunta de Galicia. Ao módico prezo de 100 euros por participante, o propietario do estabelecemento fíxolles un prezo especial coa idea de que empregaran a un parente seu de director xeral de gastronomía, intentaron esquecer a perda do mellor discípulo do ditador e pai de todos eles.
Co bandullo cheo, e en medio da agradable somnolencia provocada pola sobremesa, e confortados polas bebidas espirituosas catadas, encamiñáronse aos seus respectivos domicilios argallando as decisións que fodan á cidadanía e favorezan ao capital, rebautizado como “os mercados”, que para iso estamos en creses.
Pesados e farisaicos anos se lles abren aos responsábeis do PP. Entre pésames, declaracións filisteas, funerais institucionais, homenaxes, inauguracións de rúas e placas, larpeiradas, e malas dixestións, só a adicción ao “primperán” pode preparalos para cando trasladen, en honor de multitudes, os restos do “fiambre” ao buraco da Cidade da Cultura, legado franguista para a eternidade.
Fraga ao buraco e para os vivos, marisco
Xaneiro 28, 2012 por valdeorrasrepublicana
Apertura del proceso de beatificación de Fraga
La figura de Don Manuel Fraga Iribarne, se agranda cada día como uno de los artífices del paso de la dictadura a la democracia, en la España heredada de Franco. Sin embargo, pasada ya la resaca de la poco o nada modélica Transición, son escasos los políticos y menos los medios de comunicación que le colocan en el lugar que le sitúa la Historia con mayúscula. Su actuación política, sin abandonar el despotismo que siempre le acompañó, le acredita y le reconoce, tanto en el régimen del Movimiento Nacional, como en la monarquía parlamentaria. Como un político que luchó por restaurar en España un régimen democrático sin condenar la dictadura franquista de la cual él mismo fue arte y parte. Y esta paradoja es inasumible ante un análisis honrado del acaecer histórico. En el pacto constitucional las víctimas del genocidio franquista quedaron al margen. Los franquistas como Fraga apenas cedieron terreno y la izquierda venida de la pérdida de la Guerra Civil, del exilio o de soportar la dictadura, se arrogó la representación del resto de los vencidos, y éstos quedaron donde estaban sus muertos, en las cunetas, al margen del poder en brazos del olvido. El esperpento político llamado Fraga sólo encuentra coherencia en el seno de la Iglesia y en el nacionalcatolicismo. El ministro de Franco, que era Caudillo de España por la Gracia de Dios, donde encuentra su legítimo reconociendo es en la apertura del proceso de beatificación y canonización. Por la vía de urgencia como su predecesor Josemaría Escrivá de Balaguer. Monseñor lo escribía así, Josemaría. Si bien en el terreno político es fácil su condena por no condenar. En los temas del más allá, por muchos abogados del diablo que se opongan a su beatificación, Don Manuel, saldría exculpado porque ha cosechado al lado de Franco toda clase de méritos, honores y virtudes cristianas. Prestó sus servicios y su complicidad a un régimen dictatorial, confesional y genocida. Su vocación de falangista, de ser de cintura hacia abajo fraile y de cintura hacia arriba guerrero, le hizo militante destacado de la patria nacional y católica que llevó a cabo la Santa Cruzada. Sarcasmo religioso bendecido por la Iglesia, que sin duda le elevará a los altares tan pronto como le postulen.